Reforma integral: qué incluye, fases y decisiones

Una reforma integral no consiste simplemente en renovar muchas partes de una vivienda al mismo tiempo. Se trata de una intervención en la que varios elementos del inmueble se modifican de forma coordinada: distribución, instalaciones, revestimientos, carpinterías, cocina, baños o acabados, según el estado de la vivienda y los objetivos del propietario.

La principal diferencia respecto a una reforma parcial es precisamente esa interdependencia. Cambiar la distribución puede obligar a modificar electricidad y fontanería; renovar instalaciones puede afectar a paredes y pavimentos; y las nuevas medidas de una estancia pueden condicionar puertas, armarios o mobiliario.

Por eso, antes de pedir precios, conviene definir el alcance. En nuestra guía general de reformas de viviendas explicamos cómo distinguir diferentes tipos de intervención y qué decisiones deberían tomarse antes de buscar una empresa.

Qué suele incluir una reforma integral

No existe una lista universal de trabajos que convierta automáticamente una obra en integral. Dos viviendas pueden necesitar intervenciones muy diferentes.

Sin embargo, es habitual que estos proyectos combinen varias de las siguientes partidas:

Área Trabajos habituales Qué puede condicionar
Demoliciones Retirada de tabiques, pavimentos, revestimientos, sanitarios o mobiliario Estado real de soportes e instalaciones ocultas
Distribución Nuevos tabiques, apertura o cierre de espacios y modificación de accesos Instalaciones, iluminación, pavimentos y mobiliario
Electricidad Cuadro, circuitos, mecanismos, iluminación y nuevos puntos Uso de cada estancia y ubicación del equipamiento
Fontanería y saneamiento Tuberías, desagües y conexiones de cocina y baños Posición de aparatos y distribución de zonas húmedas
Climatización Calefacción, aire acondicionado o modificación de emisores Distribución y soluciones constructivas
Revestimientos Suelos, alicatados, falsos techos y acabados de paredes Estado del soporte y trabajos ejecutados previamente
Carpinterías Puertas, ventanas, armarios y otros elementos a medida Huecos definitivos y cotas finales de obra
Cocina y baños Mobiliario, sanitarios, griferías y equipamiento Instalaciones y medidas terminadas
Pintura y acabados Preparación de paramentos y terminaciones finales Calidad del soporte y trabajos anteriores

Que una reforma sea integral no significa que todas estas partidas tengan que sustituirse. Si una instalación está en buen estado o determinados elementos pueden conservarse, mantenerlos puede resultar más razonable que renovarlos únicamente por formar parte de una obra amplia.

Primera fase: definir qué se mantiene y qué se cambia

Antes de diseñar una nueva vivienda conviene analizar la existente. Una reforma bien planteada debería diferenciar entre elementos que funcionan correctamente, problemas que deben solucionarse y cambios motivados principalmente por preferencias de distribución o acabado.

Esta fase evita una de las decisiones menos eficientes en una obra: sustituir elementos que podían conservarse mientras se dejan sin resolver problemas que volverán a generar trabajos posteriormente.

También es el momento de establecer prioridades. Si el presupuesto es limitado, puede ser preferible concentrarlo en instalaciones, aislamiento, distribución o elementos difíciles de modificar después y dejar determinados acabados para una segunda fase.

Segunda fase: cerrar la distribución antes de avanzar

La distribución es una de las decisiones que más consecuencias tiene en el resto del proyecto.

Mover una cocina, ampliar un baño, integrar el salón con otra estancia o modificar pasillos puede alterar recorridos de fontanería, instalaciones eléctricas, ventilación, iluminación y mobiliario.

Por eso resulta conveniente definir primero cómo funcionará la vivienda y posteriormente desarrollar las instalaciones alrededor de esa distribución. Cambiar decisiones importantes cuando la obra ya ha empezado suele producir modificaciones de presupuesto y retrasos.

Tercera fase: demoliciones e instalaciones

Una vez definido el proyecto comienza normalmente la intervención física. El orden exacto depende de cada obra, pero las demoliciones permiten descubrir el estado real de elementos que hasta entonces estaban ocultos.

En viviendas antiguas pueden aparecer instalaciones diferentes a las previstas, soportes deteriorados, desniveles o soluciones constructivas que obliguen a adaptar parte del proyecto.

Después se ejecutan las instalaciones y trabajos que posteriormente quedarán ocultos. Es importante que la ubicación de puntos eléctricos, tomas de agua, desagües, climatización y otros elementos esté decidida antes de cerrar paredes, techos o revestimientos.

Cuarta fase: albañilería, revestimientos y carpinterías

Cuando las instalaciones principales están resueltas comienza la reconstrucción de los espacios: tabiques, falsos techos, preparación de superficies, pavimentos y revestimientos.

En esta etapa resulta especialmente importante respetar medidas y niveles, porque pequeñas desviaciones pueden afectar después a cocinas, puertas, armarios o muebles fabricados a medida.

Las carpinterías y elementos que dependen de medidas definitivas deberían coordinarse con suficiente antelación, aunque su montaje se produzca en fases posteriores.

Quinta fase: equipamiento y acabados finales

En las fases finales se incorporan elementos como sanitarios, griferías, mecanismos eléctricos, iluminación, puertas, muebles de cocina o armarios, además de pintura y otros acabados.

Que sean los últimos trabajos visibles no significa que deban decidirse al final. Muchos necesitan haberse definido antes para dejar preparadas correctamente instalaciones, cotas y encuentros.

Una cocina es un buen ejemplo: aunque el mobiliario se instale cerca del final de la reforma, la posición de electrodomésticos, tomas eléctricas, agua y desagües debería conocerse mucho antes.

Qué debería decidirse antes de empezar la obra

Cuantas más decisiones importantes permanezcan abiertas al comenzar, mayor será la posibilidad de introducir cambios durante la ejecución.

Antes del inicio conviene tener suficientemente definidos el alcance de la reforma, distribución, soluciones principales, nivel de calidades, instalaciones que se sustituyen, elementos que se mantienen y responsabilidades de cada profesional.

No es necesario seleccionar hasta el último detalle decorativo antes del primer día, pero sí aquellos elementos que condicionan medidas, instalaciones o secuencia de trabajos.

El presupuesto debe reflejar el alcance real

En una reforma integral resulta especialmente arriesgado comparar únicamente el importe total de varias ofertas.

Una propuesta puede incluir retirada de residuos, instalaciones completas, preparación de soportes o determinadas calidades mientras otra presenta esas partidas aparte. Si el alcance no es equivalente, comparar simplemente 60.000 euros frente a 65.000 euros aporta poca información.

La Comunidad de Madrid indica que el consumidor puede solicitar un presupuesto previo por escrito y que este debe recoger, entre otros aspectos, la identificación de la empresa, descripción del servicio, cantidad, calidad y precio de los materiales, mano de obra, importe total, fechas aproximadas y periodo de garantía.

El presupuesto debería servir por tanto como documento para entender qué se va a ejecutar y bajo qué condiciones, no únicamente como cifra final.

Los cambios durante la obra deben controlarse

En una reforma amplia pueden aparecer imprevistos razonables, especialmente cuando se interviene en una vivienda antigua o se descubren elementos ocultos.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre un imprevisto técnico y una decisión que simplemente no se había cerrado a tiempo.

Conviene documentar cualquier modificación del alcance y conocer su impacto económico antes de ejecutarla. La información de consumo de la Comunidad de Madrid señala también que las modificaciones realizadas respecto al presupuesto inicial deben quedar reflejadas.

Permisos y trámites dependen del tipo de intervención

No todas las reformas requieren el mismo procedimiento administrativo. Los requisitos pueden variar según el municipio, el edificio y los trabajos que se vayan a realizar.

Por ejemplo, en Madrid capital determinadas actuaciones sencillas de mantenimiento interior, como pintar o sustituir algunos revestimientos en edificios sin protección, pueden no estar sujetas a licencia ni declaración responsable. Otras intervenciones sí pueden requerir tramitación urbanística.

Por eso no conviene utilizar el término “reforma integral” para determinar por sí solo qué permiso hace falta. Lo relevante son las actuaciones concretas incluidas en el proyecto y las condiciones del inmueble.

Quién coordina una reforma integral

Cuando intervienen muchos oficios, la coordinación se convierte en una parte importante del trabajo.

Albañiles, electricistas, fontaneros, pintores, instaladores y carpinteros no trabajan de forma independiente: cada fase debe dejar correctamente preparado el espacio para la siguiente.

Antes de contratar conviene saber quién organizará esa secuencia, quién resolverá las incidencias y quién será el interlocutor del propietario durante la obra.

Si buscas un proveedor capaz de asumir este tipo de intervención completa, en nuestra selección de empresas de reformas integrales que trabajan en Madrid analizamos candidatos específicamente orientados a este tipo de proyectos.

Una reforma integral se decide antes de empezar a demoler

La ejecución visible de una reforma comienza cuando llegan los primeros operarios, pero una parte importante del resultado se decide antes.

Definir correctamente el alcance, cerrar la distribución, prever las instalaciones, establecer las calidades importantes y comparar presupuestos sobre una misma base reduce decisiones improvisadas durante la obra.

La reforma integral debería entenderse, por tanto, como una secuencia coordinada de decisiones y trabajos. Cuanto mejor estén relacionadas esas decisiones antes de empezar, menor será la probabilidad de rehacer partidas, introducir cambios tardíos o descubrir que una solución elegida condiciona negativamente la siguiente.

Laura Serrano

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